Cuando un niño teme que algo viva bajo la cama, decirle que «no existe» no siempre devuelve la calma. Yo mataré monstruos por ti, álbum de Santi Balmes con ilustraciones de Lyona, transforma ese miedo en una historia de dos mundos y ofrece un punto de partida concreto para hablar, leer y acompañar. Reúno aquí su argumento, sus temas principales y varias formas de trabajarlo en casa, en el aula o en un entorno hospitalario.
Un álbum para mirar el miedo desde el otro lado
- Protagonistas: Martina y Anitram, dos niñas que viven en mundos enfrentados.
- Tema central: el miedo a lo desconocido y la importancia de comprender otras perspectivas.
- Edad orientativa: a partir de 5 o 6 años, según la madurez del niño.
- Formato: álbum ilustrado de 32 páginas, pensado para leer acompañado.
- Uso educativo: permite trabajar emociones, empatía, imaginación y seguridad afectiva.
Qué cuenta el álbum de Santi Balmes y Lyona
La historia presenta a Martina, una niña que teme irse a dormir porque imagina que bajo el suelo de su habitación existe un mundo habitado por monstruos. En ese lugar invertido vive Anitram, una pequeña monstrua que también siente miedo de los seres humanos que podrían aparecer desde arriba.
El relato avanza entre ambos puntos de vista hasta mostrar que los supuestos monstruos no son tan distintos de nosotros. Esa estructura resulta muy eficaz porque el lector empieza identificándose con Martina y, poco a poco, comprende que el miedo también puede existir al otro lado.
Las ilustraciones de Lyona tienen un peso importante. No funcionan como simple decoración, sino que ayudan a entender el cambio de perspectiva, el mundo al revés y la relación entre las dos protagonistas. Por eso recomiendo observar cada página con calma y no leer únicamente el texto.
El verdadero tema no son los monstruos
El cuento habla de monstruos, pero su asunto más profundo es el miedo a lo que no conocemos. Martina no teme una experiencia concreta, sino una posibilidad que su imaginación ha construido. Eso permite conversar sobre los miedos infantiles sin ridiculizarlos ni intentar borrarlos demasiado rápido.
En mi experiencia, la historia funciona mejor cuando el adulto evita frases como «eso es una tontería» o «los monstruos no existen». Aunque la intención sea tranquilizar, el niño puede sentir que su emoción tampoco importa. El álbum ofrece una alternativa más respetuosa: reconocer el miedo y mirarlo desde otro ángulo.
También introduce una idea muy valiosa para la educación emocional. Algo que parece amenazante desde un lado puede sentirse vulnerable desde el otro. Esta inversión ayuda a trabajar la empatía, es decir, la capacidad de imaginar qué siente otra persona aunque vea el mundo de una manera diferente.
Por qué encaja en la educación infantil y hospitalaria
La lectura compartida puede recuperar una sensación de normalidad cuando un niño atraviesa una situación médica, una hospitalización o una separación temporal de su entorno. En un aula hospitalaria, este cuento permite abrir una conversación emocional sin exigir que el niño hable directamente de su enfermedad.
Yo lo utilizaría como recurso de acompañamiento, no como una terapia ni como una solución automática para la ansiedad. La lectura puede ayudar a expresar sensaciones, pero si el miedo es intenso, persistente o interfiere con el sueño y la vida diaria, conviene contar con la orientación de un profesional.
| Entorno | Cómo aprovecharlo | Qué conviene cuidar |
|---|---|---|
| Casa | Leer antes de dormir y relacionar la historia con los miedos cotidianos. | No convertir el cuento en una prueba para obligar al niño a dormir solo. |
| Aula infantil | Trabajar la empatía, los personajes y la lectura de imágenes. | Dar espacio a distintas interpretaciones sin buscar una única respuesta correcta. |
| Aula hospitalaria | Usarlo para crear una rutina breve, flexible y emocionalmente segura. | Adaptar la actividad al cansancio, el dolor y el estado de ánimo del niño. |
Cómo leerlo sin aumentar el miedo
Antes de abrir el libro
Conviene empezar con la portada y preguntar qué observa el niño, qué cree que está ocurriendo y cómo imagina a los personajes. No hace falta preguntar directamente si tiene miedo. A veces resulta más fácil hablar de lo que le pasa a Martina que hablar de uno mismo.
Durante la lectura
Haría pausas breves para mirar las ilustraciones y anticipar lo que puede suceder. Preguntas como «¿qué crees que piensa ahora?» o «¿por qué Anitram también está asustada?» ayudan a construir comprensión sin dirigir demasiado la respuesta.
El cambio de orientación de algunas imágenes merece atención. Girar el libro y pasar de un mundo a otro convierte la lectura en una experiencia física y refuerza la idea de que una misma situación puede verse de forma distinta.
Al terminar
La conversación puede centrarse en qué ayudó a las protagonistas, qué cosas hacen sentir seguro al niño y a quién pediría ayuda. Si la lectura se realiza en el hospital, es preferible cerrar con una actividad tranquila, como dibujar un lugar protector o elegir una frase de acompañamiento.
La palabra «mataré» del título también puede generar preguntas. Yo explicaría que se utiliza de forma simbólica, como una manera exagerada de decir «te protegeré», y aprovecharía para diferenciar entre fantasía, lenguaje figurado y peligro real.
Actividades sencillas a partir de la historia
Dibujar los dos mundos
El niño puede dividir una hoja en dos partes y representar el mundo de Martina y el de Anitram. Después puede añadir elementos que ambos lugares comparten. La actividad muestra de manera visual que las diferencias no eliminan las semejanzas.
Crear un mapa del miedo
En lugar de pedir que desaparezca el miedo, se puede dibujar dónde aparece, qué lo hace crecer y qué ayuda a reducirlo. En un entorno hospitalario, el mapa puede incluir personas, objetos o rutinas que proporcionan seguridad, como una familia, un cuento, una música o una videollamada.
Inventar una frase de apoyo
Después de la lectura, cada niño puede crear una frase para acompañar a Martina o Anitram. Algunas serán imaginativas y otras muy sencillas, como «puedes llamarme» o «lo miramos juntos». El objetivo no es fabricar una respuesta perfecta, sino practicar el lenguaje del cuidado.
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Observar antes de interpretar
Una propuesta especialmente útil consiste en describir primero una ilustración sin decir todavía qué significa. «Veo una niña debajo de la cama» es diferente de «la niña está en peligro». Esta distinción ayuda a separar los hechos de las interpretaciones que produce la imaginación.
Una historia breve para acompañar miedos grandes
Recomiendo este álbum cuando se busca una lectura cercana para hablar del miedo sin burlas ni sermones. Su mayor acierto está en que no intenta convencer al niño de que sus emociones son absurdas, sino que le permite comprobar que comprender el miedo puede hacerlo más manejable.
Una lectura de 10 o 15 minutos puede ser suficiente. Lo importante es respetar el ritmo del niño, detenerse si se muestra incómodo y volver al cuento otro día si la primera experiencia resulta demasiado intensa. Cuando se acompaña con calma, esta historia puede convertirse en una pequeña herramienta para recuperar seguridad, imaginación y conversación.